A un año del paso del huracán por QR hay damnificados de "primera" y de "segunda"
HUGO MARTOCCIA CORRESPONSAL
Cancún, QR, 20 de octubre. A un año del paso del huracán Wilma por Quintana Roo, el concepto de damnificados de primera y de segunda, según su condición socioeconómica, parece haberse reforzado.
Las zonas hoteleras de Cancún, Playa del Carmen o Cozumel, así como los cuadros principales de esas ciudades, parecen estar en plena recuperación. Por el contrario, miles de personas hacinadas en colonias irregulares y poblados rurales de los municipios más pobres aún esperan apoyo para reconstruir sus viviendas.
El gobierno federal financió la recuperación de playas de Cancún, la remodelación completa del bulevar Kukulcán, en la zona hotelera de esta ciudad, además de que otorgó becas de empleo y exenciones impositivas a empresarios del norte del estado, quienes se recuperaron rápidamente.
En cambio, alrededor de 14 mil familias de colonias irregulares de Cancún apenas recibieron un fardo de láminas de cartón para reconstruir sus casas y en algunas de esas viviendas aún se utilizan lonas para protegerse de la lluvia.
Una situación similar se vive en los poblados de Nuevo Valladolid o La Esperanza, del municipio maya de Lázaro Cárdenas, cuyos pobladores dicen que nunca se cumplió la promesa de reubicarlos y darles una casa en un lugar donde un huracán no los deje otra vez bajo el agua.
Sobre el caso de Lázaro Cárdenas, el gobernador Félix González Canto dijo que el problema central es que la mitad de los pobladores desea cambiarse de lugar y la otra mitad no, lo que ha retrasado la construcción de nuevas viviendas.
Pero los vecinos dicen que el hecho de que algunos pobladores no deseen cambiarse no puede significar que, en caso de un huracán, todos los demás volverán a correr el riesgo de que el pueblo quede inundado. "No podemos permitir que otra vez nos quedemos llorando bajo el agua y que nuestros hijos sufran lo que sufrimos nosotros", declaró Irma María Uh, habitante de Lázaro Cárdenas.
Según la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros, Wilma fue el desastre natural más costoso de la historia del sureste. Pero la forma de reparar los daños causados por el meteoro marcó una diferencia.
A pocos días del paso de Wilma, el presidente Vicente Fox se reunió con empresarios cancunenses y les prometió apoyar la obtención de créditos blandos para los hoteleros por un monto mayor a 500 millones de dólares, aportar 217 millones de pesos para la recuperación de las playas de Cancún y eximir o prorrogar el pago de diversos impuestos en el resto de 2005.
Además, ofreció que todas las inversiones en activos fijos hasta junio de 2006 serían deducibles. Uno de los principales hoteleros del estado, José Chapur, expresó entonces: "Tenía una lista de cosas para pedir, pero usted ya las cumplió todas".
Al estado se enviaron 3 mil 200 efectivos del Ejército Mexicano, 750 marinos, mil 240 elementos de la Policía Federal Preventiva y una cuadrilla interminable de empleados de la Comisión Federal de Electricidad, que a escasos días del paso de Wilma restauraron la energía en la mitad del territorio impactado.
Además, la delegación en Cancún del Fondo Nacional de Fomento al Turismo invirtió 134 millones de pesos en la recuperación del bulevar Kukulcán, mientras la Secretaría de Trabajo y Previsión Social puso en marcha un programa de becas por 75 millones de pesos, para que los empresarios sostuvieran a su planta laboral.
El titular de la Secretaría de Planeación y Desarrollo Regional estatal, José Alonso Ovando, indicó que Quintana Roo presentó al Fondo Nacional de Desastres un reporte de daños por 625 millones de pesos. La Federación aportó 317 millones a la entidad y el resto de los recursos solicitados se cubrió con un fondo de reconstrucción aprobado por diputados federales por 600 millones de pesos. Además, hubo más recursos federales por un monto de 965 millones.
El resultado de estos apoyos fue la recuperación de la planta hotelera de Cancún (hay disponibles 23 mil de 27 mil cuartos hoteleros de la plaza) y la Riviera Maya (tiene 5 mil cuartos más que antes de Wilma).
Damnificados de segunda
Los habitantes de la zona recurrieron al saqueo de comercios tras el paso de Wilma FOTO José Antonio López
Entre las regiones de Cancún que más sufrieron el impacto de Wilma figuran las colonias irregulares Santa Cecilia, CTC y Tierra Libertad. Quedaron bajo más de un metro de agua y separadas de la carretera por un enorme lago.
Actualmente hay más de 64 colonias irregulares en los alrededores de Cancún, en las cuales viven unas 14 mil familias, según el presidente de la Asociación de Chiapanecos Residentes en Quintana Roo, Raúl Castillejos. "Ninguna de esas colonias ha recibido apoyos gubernamentales", sostuvo.
María del Rosario Vargas, de Santa Cecilia, confirmó esa declaración: "Prometieron mucho, pero la gente debió levantar sus palapas con sus propios medios". A pocos metros de donde ella vive, algunas palapas de la colonia Tierra Libertad no tienen más techo que una lona. "Se dieron algunos apoyos cuando pasó el huracán, pero los que se ocupaban de la coordinación se quedaron con todo", aseguró.
Francisco Uc narró que las autoridades repartieron en Santa Cecilia "un fardo de láminas por casa, lo que no alcanza para nada. Dijeron que iban a hacer pies de casa y no volvieron más".
Las quejas son similares en Nuevo Valladolid, municipio de Lázaro Cárdenas. Allí el agua que inundó medio poblado demoró más de tres meses en retirarse. El gobernador González Canto anunció que las viviendas afectadas serían reconstruidas en un terreno alto.
Se sortearon los lotes y se hizo que la gente presentara documentación. Hoy, a un año del paso de Wilma, el terreno ofrecido se mantiene inalterable y el Instituto de Fomento a la Vivienda y Regularización del estado aún realiza censos entre los pobladores para saber quién necesita una nueva casa.
"Estamos confundidos: ahora están pidiendo otra vez los papeles que ya les entregamos", externó Adelaida Palomo. Lejos de los hoteles y de la industria del turismo, ella y su familia esperan una casa segura donde pasar el próximo huracán.
Wilma, a un año
Wilma ingresó a las costas de Quintana Roo el viernes 21 de octubre con categoría 5 en la escala Saffir-Simpson -la más alta potencia para un huracán- y se alejó el domingo 23 con categoría 2. Entró por Cozumel, transitó por la Riviera Maya y se estacionó más de 24 horas sobre Cancún.
Es el huracán con menor presión atmosférica central jamás contabilizada: 882 milibares. Eso significa que tiene el récord en la velocidad de sus vientos, que en algunos momentos alcanzaron 315 kilómetros por hora.
El huracán obligó a evacuar, por primera vez en la historia, la zona hotelera de Cancún y la Riviera Maya, donde había aproximadamente 70 mil turistas.
Wilma dañó hoteles, restaurantes, plazas comerciales, marinas, grandes y micro negocios, autos y casas particulares. La Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros recibió 19 mil 545 denuncias por siniestros que ascendieron a mil 790 millones de dólares.
Según la Secretaría de Planeación y Desarrollo Regional del estado (Seplader), los estragos en infraestructura pública alcanzaron los 2 mil 170 millones de pesos. La Secretaría de Desarrollo Económico contabilizó mil 753 empresas dañadas, de las cuales mil 478 eran micronegocios.
Hubo también daños económicos sin cuantificar en supermercados y tiendas, que fueron afectados por saqueos ciudadanos en días posteriores al paso del huracán. Esto impulsó a vecinos de diversas colonias a levantar barricadas para protegerse de los vándalos que asaltaban viviendas.
El impacto en el empleo fue importante. En noviembre de 2005, el entonces presidente local de la Confederación Patronal de la República Mexicana, Arturo Escaip, puntualizó que hasta ese momento se habían perdido 20 mil 500 empleos tan sólo en Cancún.
El reporte oficial indicó además que desaparecieron 7 mil 708 palapas propiedad de gente en pobreza extrema.
En Cancún quedaron operables sólo 5 mil cuartos hoteleros y en la Riviera Maya alrededor de 15 mil. Los tres muelles de Cozumel, uno de los principales destino de cruceros del mundo, quedaron inservibles.
Según el último reporte de la delegación local del Instituto Nacional de Migración, el impacto aún se siente.
En los primeros nueve meses de 2006 ingresó a Cancún 16 por ciento menos de turistas extranjeros que en 2005; la llegada de pasajeros de cruceros a Cozumel bajó en ese mismo porcentaje y el flujo migratorio aéreo cayó 14 por ciento en Cancún y 37 por ciento en Cozumel.
El alcalde de esa isla, Gustavo Ortega Joaquín, calculó que aun durante todo 2007 se recibirán en promedio 25 cruceros por semana, cuando de no haber pasado Wilma se habrían alcanzado las 37 llegadas semanales.
Además, Cancún y la Riviera Maya pasan por las temporadas bajas turísticas más pobres de su historia, con promedios de ocupación hotelera que rondan 50 por ciento.
El titular de la Seplader, José Alonso Ovando, aseguró que en el aspecto público aún resta por recuperarse parte de la infraestructura deportiva, cultural, educativa, de salud y parte de la red carretera estatal.
Fuente:
http://www.jornada.unam.mx/2006/10/21/036n1soc.php
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Los cambios climatológicos anuncian una temporada de lluvia fuerte, pero nada grave, basta acompañarse de un buen paraguas, un buen impermeable y si se puede zapatos especiales. Quizás para los que tienen carro, tendrán que fortalecer su paciencia, ya que el tráfico empeora. Por otra parte los que nos movemos en transporte público, a lo mejor nos llevaremos una buena mojada de pies; en caso de no encontrar un buen amigo que nos brinde su protección de las inclemencias del tiempo y nos lleve a casa. Así es la vida en esta temporada, pero ya en nuestros hogares un buen baño, café o té calientito y quedamos list@s para mañana.
Sin embargo, al encender la televisión, las noticias nos empezaron a alarmar con sus comentarios: - Allá, en el imperio estadounidense, a una parte de la población, el huracán les arrebató la tranquilidad de sus vidas y sus casas, provocando en un caos incontrolable. Esto me hizo reflexionar – “estoy bien”, pero... ¿A ellos su desesperación los ha llevado a la anarquía?, ¿Qué podemos hacer? ¿Qué puedo hacer yo? ....pero… mi escuela, mi familia, mi seguridad... Nueva Orleáns quedó inundada y a pesar de las posturas políticas, la ayuda internacional se hizo presente.
La temporada de huracanes continuó y unos días después las cámaras de televisión captaban ahora cómo se acentuaba la incertidumbre al sur de México, concretamente en Chiapas, sus comunidades más pobres, se ven hundidas en el lodo; algunas zonas desaparecieron, la gente perdió su hogar, su espacio, sus esperanzas... lo poco que había logrado, se lo llevó la tempestad.
¿Qué hacemos? Otra vez esa voz que pregunta desde adentro. La sociedad se organiza, pero ¿y tú? la vida te ha dado el privilegio de tener casa, comida, familia, educación, amigos y un cuerpo entero para encontrarte con los demás... ¿Qué vas a hacer? .... la pregunta cada vez incomodaba más.
Primero me enteré de que la Ibero era un centro de acopio, en donde yo podría participar, pero además tenía la inquietud de acompañar a la gente en esos momentos (todos los que hemos pasado por momentos muy difíciles, sabemos lo que significa tener a alguien a nuestro lado). Esta preocupación se estaba convirtiendo en una necesidad que removería mis compromisos. ¡Pero yo no tenía los medios para desplazarme! ¡Qué podía hacer yo sola, sin ninguna coordinación en ese desastre!.
Afortunadamente, al poco tiempo me enteré de que también se estaban organizando brigadas, para ir a entregar los víveres a los lugares devastados; sentí que era la respuesta a mis preguntas, pero nos encontrábamos en Octubre y para entonces ya había dedicado buen tiempo a diferentes actividades al departamento de mi carrera, lo cual empezaba a desgastar energías para mis materias, las cuales ese semestre eran más numerosas que las usuales. Además cuando les comuniqué a algunos de mis maestros mi inquietud de participar en la brigada, no a todos les pareció la mejor decisión, lo cual me hizo dudar, sin embargo otros me brindaron su apoyo y señalaron que regresando me pusiera al corriente – y esto terminó de animarme-. Las opiniones de amigos que se enteraron fueron unas a favor y otras en contra; yo sabía que ir a los lugares afectados, no significaba que desapareciera el dolor de tantas personas, pero sí tenía claro que iba a colaborar lo que un grano de arena a una playa.
El proyecto era Chiapas, pero los organizadores decidieron cambiar el rumbo y el transporte, pues ahora Cancún era otra zona de desastre, así que nos fuimos en autobús; las órdenes fueron muy precisas “que el equipo de la Ibero no se separe” pues también participaban otras instituciones educativas.
Aunque fue un viaje largo, no fue tedioso, l@s compañer@s de brigada se encargaron de amenizarlo. Antes de llegar a la Universidad Anáhuac de Cancún, un retén de la armada de México nos detuvo y nos pidió que subiéramos las maletas de las cajuelas del autobús a los asientos, debido a que el nivel del agua aún era alto y las mojaría. Después de casi treinta horas de viaje, llegando a la universidad, que era un centro de acopio, nos pidieron que bajáramos nuestras maletas, las pusiéramos todas en un mismo lugar (en el patio) y que ayudáramos a descargar un trailer y armar despensas. - ¡Chic@s a eso venimos! . De ahí nos llevaron a descansar a una Iglesia que nos ofreció sus salones de estudio para dormir. (Dos salones para treinta brigadistas, en otros salones estaban otros brigadistas. Había una sola regadera en el baño de varones, pero no todos nos enteramos, sino a la mañana siguiente).
Al otro día continuamos haciendo lo mismo, aunque también cargamos trailers en la universidad; algun@s tuvimos la suerte de continuar ese mismo día en otro centro de acopio, con las mismas actividades y llevando despensas a unas comunidades, casi aisladas: por estanques de aguas sucias que se habían formado (solo un camión de volteo podía atravesarlo) y porque anteriores despensas que se habían enviado, habían sido interceptadas, provocando que las familias no las pudieran recibir. Para tener una idea de esa comunidad, basta con mencionar que el material de esas casas era carrizo, madera y cartón; el camino solo era de tierra y muchas personas caminaban descalzas. Para entregar los víveres tuvimos que llegar al final del camino y se podía ver un pequeño río de gente que corría a recibirlos.
El grupo, en general, tenía más la expectativa de compartir con las comunidades, que de estar en el mencionado centro de acopio, en donde en algún momento se saturó de personal por la cantidad de alumnos de dicha institución que acudieron también a colaborar. Pero esa noche se nos informó que nos iríamos a Cozumel, a apoyar a las familias, lo cual provocó gran alegría al grupo.
Ya en el destino, nos alojaron en el auditorio de una escuela para descansar y el centro de trabajo tenía la función de refugio para familias damnificadas y centro de acopio, en donde por las tardes podíamos compartir con los niños y los adultos, el armar despensas, las comidas, platicar y jugar. Por las mañanas nos llevaban a las casas de las personas que estaban en el refugio, para que junto con la familia, limpiáramos todo lo que el agua les había llevado a su paso. Una vez que no se logró encontrar el domicilio, realizamos la limpieza de una escuela, recogiendo el material de los techos, ramas y basura que estaban ahí. Al terminar el día nos llevaban a descansar a donde nos hospedábamos y comunicábamos en grupo las experiencias del día.
En nuestro compartir no era difícil descubrir que los desastres tienen tales dimensiones, por las estructuras sociales injustas que golpean al que esta más desprotegido; por ejemplo en alguna casa nos dijeron “¡Por aquí paso el río!”. Lo que había sucedido era que en medio de dos casas de concreto, había un lote con dos casitas hechas de pedazos de madera y lámina, lo cual provocó que la fuerza del agua formara ahí su cauce.
Nos impresionaban el conjunto de condiciones que presentaban a una comunidad en momentos de desastre: algunos edificios parecían que estaban en obra negra, las palmeras había perdido su fortaleza, los postes de luz estaban tirados en serie, los colchones de las familias afuera de las casas para que se secaran, inclusive las cortinas de los comercios destrozadas por el agua, tiendas vacías con aparadores rotos, el espacio de playa había casi desaparecido...
No conocíamos las condiciones anteriores de las casas devastadas, por lo que era difícil medir el daño sufrido, sin embargo hubo algo que en particular alteraba mi sistema y me provocaba escalofríos, descubrir al lado de lo que quedó de la casa, en un “casi estanque” de agua podrida, debajo de ramas y plásticos: muñecas, carritos, utensilios de cocina, sillas de plástico, muebles de madera...etc., todo eso, auque eran cosas materiales, me hablaban de seres humanos, de la vida y sentimientos que estaban experimentando, de lo poco que tenían y lo mucho que habían perdido. Cuando les dábamos lo que encontrábamos, en realidad las palabras no alcanzan para dibujar los rostros que expresaban: “ya para qué”; o quienes reflejaban un atisbo de ilusión o incluso de quienes en sus miradas podríamos, nosotr@s brigadistas, nutrirnos de esperanza,
El cansancio físico era grande, pero no se comparaba con los sentimientos tanto de incertidumbre y tristeza al ver la situación; como la reconfortante sonrisa de los niños; las lágrimas de las familias por volver a ver su casita “reconstruida”; por haber recibido una despensa y 4 litros de agua o simplemente porque alguien “que no conozco”, “que viene de “no sé donde”, vino a escucharle en su situación de desgracia.
Y para mí era increíble ver como todos los compañeros de la Ibero, una mayoría jóvenes alrededor de 20 años, de condiciones socioeconómicas bastante favorables tenían una entrega total a cada una de las actividades que se llevaban a cabo.
Cuando regresábamos al DF, quedó la inquietud de organizarnos para prepararnos y poder hacer un frente común al daño que hemos provocado a nuestra madre tierra y que se nos revierte a los seres humanos. Estábamos conscientes de que no habíamos cambiado el mundo, pero teníamos la certeza de haber aportado un momento de nuestra vida, y de que si bien dejamos nuestro esfuerzo, por otra parte nos trajimos la fortaleza de la gente, su esperanza, su desprendimiento, su entrega y el recordar que si nuestra humanidad no nos une, nada de lo que tengamos, seamos o estudiemos, nos va a dar vida, en nada nos encontraremos, si no es en el otro, quien nos recuerda la finitud y la eternidad de ser persona.
Gracias por la oportunidad de compartir
Alma Elena Sevilla Escobar. Otoño/2005
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